lunes, 14 de mayo de 2007

(Cubrimiento en la Feria del Libro 2007)

Campañas en la Feria del Libro 2007 para la defenza de los animales.


ADA con toda para los derechos de los animales


Miembros activos de la ADA (Asociación Defensora de Animales), buscan convocar el mayor número de personas, más que todo de jóvenes, para crear conciencia del abuso del que hoy en día están siendo víctimas muchas clases de animales.

Por: Marcela Ortiz Escobar

En el pabellón de la Caricatura y el Diseño Gráfico en Corferias se encuentra un estante dirigido por Manuel Lancheros, un joven diseñador gráfico el cual tiene como propósito difundir una campaña llamada ADA que se encarga de proteger los derechos de los animales, buscando crear conciencia sobre la errónea concepción de la cultura que muchas personas tienen hacia el trato con los animales.

La campaña esta al mando de muchos jóvenes quienes aprovechando la Feria del Libro, exponen visualmente algunos videos de material de censura los cuales dejan ver cómo son los métodos para matar o torturar a animales ya sea por alimento, por fabricación de ropa, por placer o por tráfico. Según Juan Manuel, este tal vez sería la única forma de crear conciencia en la gente por más desagradable que sea.

La asociación en el momento a obtenido buenos resultados de parte de la gente, sobre todo de los jóvenes quienes según Juan Manuel son los que más se muestran conmovidos e interesados por participar en futuras actividades a favor del respeto a los animales. Por día en el estante, se recogen 50 datos aproximadamente a pesar de que éstos jóvenes dirigentes del movimiento sean conscientes de que es difícil que las cosas avancen satisfactoriamente.

El propósito se encuentra con obstáculos tales como denunciar todos los escenarios donde estos maltratos toman lugar por lo que la asociación como primera medida pretende hacer énfasis en los animales más maltratados (perros de la calle, caballos) y sacar a la vista pública la manera como estos son abusados, con qué métodos lo hacen, y exponerlo con videos o fotografías.

Esta asociación esta en conexión con otras asociaciones de todo el mundo, gracias a la conciencia que se ha ido adquiriendo a través del tiempo, por lo que en Colombia, estos asuntos no solo se van a dejar en las manos de la SPA Sociedad Protectora de Animales, sino que se pretende que surjan nuevas campañas con ayuda exterior.

Crónica
Aquí huele a juventud

(Cubrimiento en la Feria del Libro 20)



El ambiente un día entre semana en una feria del libro es algo excepcional si se acude con intenciones de aprender y apreciar cosas que no son libros exactamente. Si se quiere hacer un recorrido con una mirada distinta, se encuentra que una feria del libro es más de lo que promocionan en radio y en televisión.

El lunes 23 de abril en la XX Feria Internacional del Libro, los pabellones parecían todavía guardar el frío de la madrugada. El asfalto aún no poseía ningún rastro de basura particular de feria, (folletos, empaques de crispetas), y por sus alrededores no caminaba mucha gente; distinto es si fuera un fin de semana. Me abstengo de imaginarmelo porque el solo intento me produce mareo.

Caminando a las 10 am, iba carneando mi propósito; mientras pasaba por el frente del pabellón 3 miraba de lejos el cubículo de la Panamericana, y de inmediato pensé que no era eso lo que quería vivir en esa feria, quizá mi presencia allí merecía apreciar otros trabajos tal vez de gente joven con deseos de exponer sus ideologías por medio de sus academias.
Eran las 10:23 am, y me sentía como japonés en un país completamente ajeno, con los ojos bien abiertos y con cara de susto. Divisaba pabellones inmensos con temas interesantes, otros ni tanto, hasta que dí con el que estaba buscando. No recuerdo el número pero habría de ser el 11, 12 o el 13.., ubicado en un costado donde se encuentran esos pabellones en hileras; púberes y dedicados más que todo a los jóvenes.

El ambiente era rico en colores y exquisito en contenido. Cuando entré lo primero que divisé fue el cubículo de la Academia de Artes Guerrero y recordé al instante el día en que sufrí una crisis de depresión que estuvo a punto de ser la culpable de hacerme retirar de la universidad para entrar en aquella academia. De inmediato sentí el olor del arte, los recuerdos de una infancia en la que enfermaba dibujando, mañana, día y noche. Ahí me encontraba yo observando cada cubículo, apreciando los trabajos, mirando a la cara a los artistas: desgreñados, risueños, retraídos; y enfocándome en esa cosa curiosa que me atrapó de sus trabajos que involucraba nada más y nada menos que crónicas o escritos mezclados con pintura. Eran cartillas, folletos, que narraban historias urbanas de la realidad, o por el contrario historias ficticias con elementos de la realidad con personajes supra naturales o con personajes tan normales como usted o como yo. Me animaba saber que se podía decir que se mezclaba periodismo con arte de una u otra manera. Entre esos libritos se encontraba uno en particular, el cual no dude en sacar plata del bolsillo para llevármelo, se trataba de un cómic llamado Revólver 'cómics' 'historias cortas para un futuro corto' 'Fanzine de historietas con ánimo de lucro' la cual abría con un argumento de Andrés Caicedo, extraño y triste de leer. Por otro lado se encontraban calcomanías creadas por artistas que evocaban la cultura popular dándole un toque de sarcasmo: 'Ponga la foto de su ser amado aquí'.
Haciendo un análisis general la mitad del pabellón exponía trabajos con un sentido social algo comunista. Por doquier podía observar caricaturas de Álvaro Uribe con representaciones fascistas. Nuestro ídolo, Pablo Escobar ocupaba el lugar merecido en todos los cutículas con emblemas como 'love your idols'.Yque decir de los caricaturistas que aterrorizaban con su habilidad para retratar igual, cada poro del rostro de las personas. Se encontraban también cubículos engañosos, los cuales los artistas prometían retratar a las personas poniendoles cuerpo y vestuario de adas, caballeros, etc. Y cuando te entregaban el trabajo, podías ver que todo fue hecho con una buena experiencia, menos la cara. Pero cuando una amiga les reclamo porque ella no quedo parecida, la respuesta fue una sonrisa maliciosa y sin palabra alguna continuaron sus quehaceres con esa maldita y fascinante actitud del artista la cuál expresa que nadie debe ni nadie puede perturbar su mundo ni pedir explicaciones.

Como también había espacio para la denuncia; un cubículo de la ADA Asociación Defensora de Animales promocionaba sus fieles intenciones en pro del respeto hacia los animales. Con folletos tiernos y tristes, con botones aún más tiernos, y con vídeos aterradores y desagradables, el cubículo pretendía recoger el mayor numero de datos de personas, para que cada día la justicia tenga las garras para denunciar los atropellos. Se me quedo una discusión de mas con el representante, un muchacho diseñador gráfico que por su aspecto, sobraba preguntarle si era vegetariano, sobre el por qué de considerarse crimen el matar a un animal para alimentarse, pero decidí no ahondar.

Cuando me disponía a salir, todo me dejaba claro que habían intenciones de crear conciencia social con temas políticos, con mofas hacia la sociedad y con gritos de libertad y de esperanza. Miré por última vez el cubículo de la Academia de Artes Guerrero y sentí nostalgia, miedo de que los mismos medios de comunicación en un futuro me consuman con sus propósitos superfluos de los que probablemente seré presa, todo por el dinero, por vivir bien, y así olvidarme de mi otro espacio, que es el arte. Siempre que ando sola por un lugar así se corre el riesgo que empiece a hablar con el corazón de cosas trágicas que yo misma invento. No se hasta que punto la sensibilidad es buena. Quizá si hubiera seguido pintando de la forma obsesiva como lo hacía antes, tal vez en estos momentos sería una corresponsal de la melancolía traída al mundo para predicar existencialismo entre tubos de acuarela o mugre de carboncillo.
Salí. El sol de las 11:15 am me esperaba, y con mi habitual despiste camine rápido a preguntar el nombre del pabellón: Pabellón de la caricatura y el Diseño gráfico.
Opinión
Comer también es cultura
(Cubrimiento en la Feria del libro 2007)


El problema del área de restaurantes es algo que por lo general demuestra incomodidad en grandes sitios. Nunca se sirve bien; los espacios suelen ser reducidos, y el factor 'mesero' tiende a desaparecer. Éste es un problema de esos que se esconden porque no generan la crítica suficiente en las personas, pero sí es un inconveniente que no se puede escapar al menos de estos párrafos.

Se tiene que ser muy quisquilloso, muy crítico y muy jodido para no dejar escapar los detalles irrelevantes de una feria exposición, pero es que una vez más en esta oportunidad en la XX Feria Internacional del Libro 2007, la hora del almuerzo fue una parte que incomodó a muchas personas; la plazoleta de comidas con mesas insuficientes, espacio estrecho y poco ameno, obligó a las personas a volver a las entrañas del suelo a probar bocado, y para recorrer diecinueve pabellones la barriga tiene que estar llena, y no solo eso, el momento del almuerzo debe ser un espacio agradable y sereno.

Es que aquí en Colombia estamos heredando la cultura gastronómica de nuestros queridos estadounidenses. El servicio a la mesa está desapareciendo en lugares como centros comerciales, parques y ferias, y se está sometiendo a que la comida sea ingerida de forma rápida, sin respiración, sin meditación y sin tranquilidad, y mucho más para una feria del libro donde es necesario tomar por lo menos una hora para descansar, comentar lo visto, quedarse callado. Además, nos encontramos con otro tipo de incomodidades tales como no encontrar mesa, andar pendiente del pedido que está a 30 mts. de distancia, que ya con la bandeja en la mano haya un tropezón con gente en el trayecto a la mesa, que a la meta final se llegue con el ajiaco a la mitad, y tener que acompañar el medio almuerzo con gente desconocida.

No imagino a esos intelectuales queriendo ir a almorzar y encontrarse con otro problema: la variedad de platos. Es muy incómodo encontrarse con perros, hamburguesas, pechuga a la plancha, sancocho, pasta y que de ahí no pase. Es lo que siempre se ve en todas partes. ¿Cómo celebraron nuestra mención a la capital mundial del libro?, ¿con raviolis? La comida en mi opinión no es algo que sirve para llenar la barriga y continuar el recorrido, como si uno fuera ganado, ni mucho menos comerse los mismos platos de siempre para colmo de males sentados en el piso. ¿Acaso hay miedo de invertir plata en algo que parece irrelevante?.

De ahí parte otra vertiente, que deriva de la digestión del almuerzo: es el postre o el dulcecito después del almuerzo; esos antojos que dan muchas veces porque sí. ¿De cuándo a acá unas crispetas con colorante a medias cuestan 4.500 pesos?, o las obleas de 2.800?. Esto es algo que no cabe en la concepción de una persona jodida como yo y como muchas pocas. Sería entendible que fuera un parque de diversiones, pero, ¿por qué esa maña de aprovecharse del consumidor en una feria del libro donde se promueve la cultura?. Un buen comer a precios decentes, promovería de una u otra manera la iniciativa y las energías de disfrutar las novedades en cuanto a libros se refiere. Analícelo bien y verá que no es algo irrelevante.

Una vez más, no hago parte del conformismo a ser obligada a sentarme en el piso a almorzar en una feria del libro, donde se supone que ese tipo de servicios alimenticios debería tener mejor nivel. Tanta opinión sólo deja ganas de mandar una carta a quejarse en vez de continuar expresando mi punto de vista en este magazín en algo de lo que usted debe estar sonriendo con pesar, o como si fuera un chiste. Yo mando la carta y después les cuento.