martes, 27 de marzo de 2007
El Nóbel colombiano Gabriel García Márquez en el congreso Internacional de la Lengua
‘Muchos años después…’
Gabriel García Marques expreso en el foro Internacional de la Lengua en Cartagena, que nunca imagino que sus libros pudieran conquistar de manera tan sorprendente todos los países y lenguas. En su discurso compartió como empezó su oficio de escribir y como hoy aun no puede creer el éxito de sus libros.
Por: Marcela Ortiz Escobar
Gabriel García Marques se sentó ese día al frente de la maquina de escribir y plasmo una frase, que en el foro confeso no saber que significaba ni de donde venia, y también confeso que esta es la hora que no comprende por que Cien años de Soledad ha robado el corazón de millones de personas de todos los países.
El Nóbel colombiano hizo de una frase espontánea y sin sentido en el momento, un tesoro de la literatura. Lo meritoso del asunto es que el libro ha sido leído en castellano por millones de personas dispuestas a aprender el idioma para tener el orgullo de leer cada palabra de Cien años de Soledad.
En una parte de su discurso hizo un análisis estadístico sin necesidad de haber hecho una encuesta, que ‘lo s lectores de cien años de Soledad son hoy una comunidad que si viviera en un mismo pedazo de tierra, seria uno de los 20 países mas poblados del mundo’. Un motivo más para que estos mil ejemplares tuvieran merito de ser impresos.
En el foro, el Nóbel contó pequeñas mañas y secretos que solía tener a la hora de escribir, como creer que los errores de mecanografía, gramática y lenguaje, eran problemas de creación y por ello al detectarlos, rompía la hoja y empezaba de nuevo y que como ciudadano común, la situación económica de el y su esposa era una lucha diaria por sobrevivir, teniendo la esperanza que Cien años de soledad tuviera suerte en el mercado, después de que el ni su esposa hubieran recibido nada de dinero.
Increíble es el hecho de que la novela paso por las manos mecánicas y laborales de personas que cumplían con su trabajo como cualquier otro borrador. Contó como la novela tuvo que ser enviada a Buenos Aires primero una mitad, y después la otra ya que su situación económica no permitió que una diferencia de 39 pesos llevara la novela terminada a su destino para su edición y aprobación.
La historia conmovió cuando confeso que solo hasta lo ultimo se dieron cuenta que habían mandado era la ultima mitad y no la primera, sin pensar que no importo si había sido la primera mitad ni la ultima una llamada decisiva de la editorial Suramericana lo sorprendió para decirle que enviaría dinero anticipado para que pudieran mandar la otra mitad y axial, el discurso de Gabriel garcía Marques finalizo.
Aunque Gabriel sea un escritor de tal reconocimiento y con tan increíbles dones, sus allegados, las personas que lo conoces, ven en el a una persona como todas, muchas veces poco interesado en los reconocimientos públicos pero lo mas humano, como su literatura es el hecho de que hasta el sol de hoy no comprende por que todo esto le esta sucediendo.
jueves, 22 de marzo de 2007
Pese a que las consecuencias del invierto en las ciudades dejan resultados catastróficos, muchas viviendas que por fuera parecen sufrir graves inundaciones, hoy 23 de marzo nos dimos cuenta que hay excepciones que sorprenden.
Por: Marcela Ortiz Escobar
Eran las 4:20 de la tarde cuando en el barrio la Candelaria la lluvia hacía que los pies se resbalaran sin piedad, y las casas indefensas, pequeñas y viejas parecían gritar por su lucha sobrenatural contra la lluvia. Hasta los alcantarillados sufrían problemas de taponamiento, pero ese caso no solo es propio de la Candelaria como ya se sabe.
Las tiendas, las panaderías, las zapaterías no sufrieron ningún percance por el invierto, al menos eso observamos e indagamos en nuestro corto recorrido. Pero gracias a la información de un habitante del barrio, nos ubicamos para golpear a la puerta de las casas que más sufren con la lluvia. Una en particular nos llamó la atención, su fachada era demacrada, vieja y su entrada no era un suelo cubierto desde hace mucho tiempo por el agua, acompañada de papeles de chitos, papas, y una caja de Néctar azul.
Amablemente, tras tocar la puerta una vez, un joven con una agradable voz y sonriendo nos recibió preguntándonos que qué se nos ofrecía; nos dejo entrar y sin mas preámbulos tras la pregunta que le hicimos, de que si el invierno había inundado su hogar, nos contestó ‘aquí el agua no se mete’, y sorprendidamente pude divisar que se encontraba una muchacha en el cuarto, seca tranquila, arrullando a su bebé, por supuesto que allí el agua no se había metido.
Enseguida nos dio un pequeño recorrido por su casa la cual era de un área un poco incierta: potrero, con residuos de plástico, al frente una especie de bodega donde reposaban muebles viejos, mientras que Raúl Castillo enérgicamente nos señalaba las casas que en verdad si sufrían los estragos del invierto.
La casa del frente era una casa pequeña, con techos de toda clase y ladrillos en su soporte, de color pastel adornado por la nostalgia de una anciana que no nos pudo oír porque era de mucha edad y sus oídos no nos escuchaban, ni a nosotros ni a la lluvia tal vez. Raúl nos dijo que perderíamos el tiempo tratar de seguir llamándola.
Con amabilidad me despedí ayudada por su mano que me levantaba de las piedras que simulaban una escalera y sorprendida llegue a la conclusión de que a lo mejor el techo, la ubicación en declive de la vivienda o los canales de agua en la calle tal vez amparaban esta casa que no sufre por el agua. Se sabe que en Bogotá el Índice de casas que se ven afectadas por la lluvia es de un porcentaje considerable. Pero en un abrir y cerrar de ojos encontramos una casa desbaratada que logra hacer la excepción.
Por: Marcela Ortiz Escobar
Eran las 4:20 de la tarde cuando en el barrio la Candelaria la lluvia hacía que los pies se resbalaran sin piedad, y las casas indefensas, pequeñas y viejas parecían gritar por su lucha sobrenatural contra la lluvia. Hasta los alcantarillados sufrían problemas de taponamiento, pero ese caso no solo es propio de la Candelaria como ya se sabe.
Las tiendas, las panaderías, las zapaterías no sufrieron ningún percance por el invierto, al menos eso observamos e indagamos en nuestro corto recorrido. Pero gracias a la información de un habitante del barrio, nos ubicamos para golpear a la puerta de las casas que más sufren con la lluvia. Una en particular nos llamó la atención, su fachada era demacrada, vieja y su entrada no era un suelo cubierto desde hace mucho tiempo por el agua, acompañada de papeles de chitos, papas, y una caja de Néctar azul.
Amablemente, tras tocar la puerta una vez, un joven con una agradable voz y sonriendo nos recibió preguntándonos que qué se nos ofrecía; nos dejo entrar y sin mas preámbulos tras la pregunta que le hicimos, de que si el invierno había inundado su hogar, nos contestó ‘aquí el agua no se mete’, y sorprendidamente pude divisar que se encontraba una muchacha en el cuarto, seca tranquila, arrullando a su bebé, por supuesto que allí el agua no se había metido.
Enseguida nos dio un pequeño recorrido por su casa la cual era de un área un poco incierta: potrero, con residuos de plástico, al frente una especie de bodega donde reposaban muebles viejos, mientras que Raúl Castillo enérgicamente nos señalaba las casas que en verdad si sufrían los estragos del invierto.
La casa del frente era una casa pequeña, con techos de toda clase y ladrillos en su soporte, de color pastel adornado por la nostalgia de una anciana que no nos pudo oír porque era de mucha edad y sus oídos no nos escuchaban, ni a nosotros ni a la lluvia tal vez. Raúl nos dijo que perderíamos el tiempo tratar de seguir llamándola.
Con amabilidad me despedí ayudada por su mano que me levantaba de las piedras que simulaban una escalera y sorprendida llegue a la conclusión de que a lo mejor el techo, la ubicación en declive de la vivienda o los canales de agua en la calle tal vez amparaban esta casa que no sufre por el agua. Se sabe que en Bogotá el Índice de casas que se ven afectadas por la lluvia es de un porcentaje considerable. Pero en un abrir y cerrar de ojos encontramos una casa desbaratada que logra hacer la excepción.
Recorrido de miedo
Recorrido de miedo (Fuente especial)
Buuu....
Con cara de pérdida como siempre, entré al museo del Banco de la República de Bogotá un lunes a las 11:00 am, para conocer personalmente un curioso prospecto del miedo hecho en arte. Blanco, pulcro y acogedor como siempre, el museo no advertía en sus pasillos la presencia de la exposición. Con extrañeza me preguntaba si estaba equivocada de museo o si ya se había acabado la exposición. Seguí buscando como si fuera una extranjera que a parte de todo no sabía hablar el idioma, y al llegar al tercer piso di con una sala no muy grande y oscura. Me dije a mi misma que aquí estaban remodelando algo, o que estaba cerrada y que mejor me devolvía, pero el anuncio de Fantasmagórica se encontraba en la pared de afuera de la sala, con una sinopsis de la exposición y los 13 autores responsables de la oscuridad que me miraba desde adentro.
Un señor de aspecto antropólogo se dirigió a leer la sinopsis, y una de las guías en esos momentos salió de la sala y le dijo algo al hombre; no escuche qué, pero mi paranoia me hacia suponer que le decía que lo sentía pero que estaba cerrada la sala en esos momentos. Pero mi intuición me decía que la exposición estaba abierta. Sin pensar más las cosas como niña de primaria tímida, entre con pasos lentos y curiosos, y lo primero que vi , en la oscuridad fue en papel crepé blanco un desolado fantasmita impulsado por una cámara miniatura de aire con una luz de fuego en su interior que daban un ambiente de arte infantil, pero de desolación y temor puro. La sala, oscura y estilizadamente pulcra, dejaba sonar ecos de quien sabe donde, que me hacían parpadear lentamente y con ansias, ya que mi afición por lo paranormal, la muerte, y las artes ocultas iba más allá de todo. Después de apreciar la obra, miré para todas partes sin saber a donde dirigirme, pues mi ubicación y el orden para hacer las cosas no están en mi carta de presentación; pero una pantallita , algo así como un televisorcito plasma del tamaño de un cuadrito, de esos que las mamás suelen poner en el pedazo de pared que queda al lado de la puerta de la casa; me invito a mirar la línea del destino: unas manos juntadas que poseían agua, dejando ver el reflejo de la cara de la persona; así en el calor de los segundos que pasaban, el agua seguía, no se iba y el reflejo de el rostro seguía fijo, mirándome; trabajo de Oscar Muñoz ‘La línea del destino’. Si que me sentía tremendamente seducida, pero en esos momentos sentía la fastidiosa curiosidad de saber que había en el cuarto de al lado del fantasmita que estaba completemanete oscuro, pero los vigilantes me intimidaban, además sabia que era probable que yo les causara gracia, por mi cara de susto, (acaso no es el propósito de la exposición?. No, el propósito es apreciar el miedo como un arte más), pero no es mi culpa, ni siquiera duermo sola, ya se puede comprender. Me dirigí al cuarto, como pude adivinar un vigilante amablemente me dijo que siguiera, que tranquila; seguí con cara de vergüenza, y sí, el contenido del cuarto me hizo sonreír, porque era un trabajo artístico de admirar a pesar de su simplicidad. ¿Como alguien podía expresar el miedo, mediante un juego de sombras producidas por unos bombillos en hileras, que se prendían a medida que uno avanzaba?. En esos momentos me conmovió una vez más el poder de lo siniestro mezclado con el elitismo de un arte sutil y oscura, y le agradecí a Rafael Lozano Hemmer por los efectos que produjo en mí su talento. Salí satisfecha y me dirigí para no sabía donde. Me embarque en una plataforma de madera, a los lados se encontraban unos candelabros largos de unos 1.85 metros de largo, negros y de su boca dejaban salir un humo silencioso e intimidante; mirándolos con atención pude ver que entre el humo se asomaban unos rostros abstractos, podían ser viejos, mujeres jóvenes, no lo se. Obra perteneciente a Michael Delacroix. El siguiente paso era dirigirse a un ruido que desde hace rato estaba entrandome por las entrañas, seguí sus llamados y me encontré en un cuarto de unos dos metros de ancho y unos 7 de largo y en su límite se encontraba una proyección de una autopista que estaba viviendo un caos, una nube negra, como una avalancha estaba corriendo llevándose todo a su paso, los carros la gente. Comprendí que yo también hacía parte del show y empecé a dirigirme a la pantalla; el efecto que producía era suavemente aterrador; sentía caminar hacia la nube de la manera más realista que haya experimentado ya que mi estómago se altero y me logre marear un poco. Sí, sentí la muerte al frente mío, en cualquier momento yo iba a ser el almuerzo de esa nube. Me divertí, caminé unas tres veces, (no más de tres porque de resto estaría manchando el modo de apreciar el arte). Salí y la placa me mostraba que era el trabajo de Laurent Grasso. En esos momentos me gustaba sentir ese frío, y ese olor a pintura seca, a arte, era como estar en mi segundo hogar. Me senté en un sillón de cuero para ver una proyección de video en un televisor plasma de un tamaño normal, 12 pulgadas, donde había una actuación de muñecos de papel, pero estos eran representados como sombras los cuales mostraban situaciones sociales actuales, como la guerra, y la violencia en un día cualquiera. La trama corría como si se estuviese en un tren. Y la música, era una música como de circo mezclada con llantos, con xilófonos, cantos de señores viejos en un idioma que no sabía si existía. La proyección duro 12 minutos, o mejor dicho las historias porque no terminaba, era como un circulo que seguía y seguía; trabajo de William Kentridge. Al ponerme de pie me despisto una enorme mancha negra en el suelo que se prolongaba hasta la pared; como una tinta que se amoldaba a la sombra de un hombre leyendo un libro, pero el libro era real, un relieve gracioso pero ausente, que parecía querer hablarme del libro o si bien dándome a entender que era suficiente, que me marchara. Si que funcionan los efectos visuales en ciertas almas soñadoras, vulnerables y fantasiosas como la mía. En esos instantes supe que la soledad y la ausencia era la explicación más certera de esta obra. A veces parecemos almas muertas leyendo un libro, perdiéndonos en él hasta encontrar una salida falsa, la de acabar el libro, cerrarlo y volver a ser almas muertas. Me dirigí hacia otro televisor de plasma el cuál mostraba en video normal la entrada de una importante biblioteca quizá en Europa, pero los transeúntes no eran personas del común, eran fantasmas que caminaban como una rutina de humanos; el efecto consistía en borrar a las personas y sobre estas dejar rastros de su silueta muy mínimos que asimilaran sombras no negras sino como sombras de agua. Al voltear a mirar una puerta que creí era un baño, pensé a la vez, que, ¿qué diablos hace un baño dentro de una sala de exhibición?. Me dirigí a la puerta intentando abrirla más de lo que minimamente estaba pero estaba estática, comprendí entonces que se trataba de otra sorpresa. Mire en su interior y solo había una pared blanca, pero de repente una sombra de una muñeca se deslizo por la pared como si se tratara de agua, mire arriba por todos lados para averiguar que proyectaba esa sombra pero no logré identificarlo. La muñeca era una bailarina de esa muñecas viejas de tocador, y se deslizaba de arriba hacia abajo y de abajo hacia arriba con la lentitud más aterradora que pueda existir, pero a la vez con un aire artístico que no dejaba asustar. En esos momentos pensé lo divertido que habría sido ser pequeña en eso momentos ya que cuando se es niño se actúa como en algunos casos actúa un adulto que consume sustancias alucinógenas. ‘Muñeca, dispositivo mecánico’ de Christian Boltanski. Cuando decidí irme minutos después, pase por al frente de de 5 estantes de madera de 1.58 de alto los cuales tenían encima platos redondos de plata muy brillantes. La cuestión de ese trabajo era que no sabía en que consistía. Tímidamente los miraba de cerca pero no podía adivinar. Un vigilante me dijo que los soplara con aliento de la garganta. Soplé y una cara demacrada apareció entre el vapor de mi aliento diminuta y fugaz. Sin duda un trabajo creativo de magnitud por insignificante que parezca, pero nunca lo había visto antes, es más nada que había apreciado ahí lo había visto antes. Soplé en cada uno de los platos, y podía divisar caras de mujeres en expresiones que no lograba identificar porque se desvanecían como verdaderos fantasmas, y con una carga emocional salí rápidamente del sitio pensando en todos los alcances del arte pero lo más importante, admirando los recursos materiales usados para lograr trabajos sombríos.
Una vez más el arte contemporáneo se salió con la suya ofreciendo una alternativa que desde hacía rato muchos de nosotros estábamos eperando. Demosle las gracias a José Roca, director del museo del Banco de la República, quien hizo posible reunir a varios artistas de varios países para este montaje. ¿Quien no se cansaba de recorrer el museo de la donación Botero y ver la misma dama gorda al frente del lago, o la manzana con el gusanito al aire? Esta vez todos esos artistas responsables de Fantasmagórica ‘espectros de ausencia’, le brindaron estética al miedo, con enfoques que van desde lo festivo a lo irónico. Mi observación en este sitio fue como un pasaporte a la apreciación visual de un terror que no logra serlo completamente, porque el arte le da una pizca de suavidad y silencio, y deja que los espectadores juzguemos a nuestro ojo el significado de la oscuridad con olor a pintura y con color negro.
Buuu....
Con cara de pérdida como siempre, entré al museo del Banco de la República de Bogotá un lunes a las 11:00 am, para conocer personalmente un curioso prospecto del miedo hecho en arte. Blanco, pulcro y acogedor como siempre, el museo no advertía en sus pasillos la presencia de la exposición. Con extrañeza me preguntaba si estaba equivocada de museo o si ya se había acabado la exposición. Seguí buscando como si fuera una extranjera que a parte de todo no sabía hablar el idioma, y al llegar al tercer piso di con una sala no muy grande y oscura. Me dije a mi misma que aquí estaban remodelando algo, o que estaba cerrada y que mejor me devolvía, pero el anuncio de Fantasmagórica se encontraba en la pared de afuera de la sala, con una sinopsis de la exposición y los 13 autores responsables de la oscuridad que me miraba desde adentro.
Un señor de aspecto antropólogo se dirigió a leer la sinopsis, y una de las guías en esos momentos salió de la sala y le dijo algo al hombre; no escuche qué, pero mi paranoia me hacia suponer que le decía que lo sentía pero que estaba cerrada la sala en esos momentos. Pero mi intuición me decía que la exposición estaba abierta. Sin pensar más las cosas como niña de primaria tímida, entre con pasos lentos y curiosos, y lo primero que vi , en la oscuridad fue en papel crepé blanco un desolado fantasmita impulsado por una cámara miniatura de aire con una luz de fuego en su interior que daban un ambiente de arte infantil, pero de desolación y temor puro. La sala, oscura y estilizadamente pulcra, dejaba sonar ecos de quien sabe donde, que me hacían parpadear lentamente y con ansias, ya que mi afición por lo paranormal, la muerte, y las artes ocultas iba más allá de todo. Después de apreciar la obra, miré para todas partes sin saber a donde dirigirme, pues mi ubicación y el orden para hacer las cosas no están en mi carta de presentación; pero una pantallita , algo así como un televisorcito plasma del tamaño de un cuadrito, de esos que las mamás suelen poner en el pedazo de pared que queda al lado de la puerta de la casa; me invito a mirar la línea del destino: unas manos juntadas que poseían agua, dejando ver el reflejo de la cara de la persona; así en el calor de los segundos que pasaban, el agua seguía, no se iba y el reflejo de el rostro seguía fijo, mirándome; trabajo de Oscar Muñoz ‘La línea del destino’. Si que me sentía tremendamente seducida, pero en esos momentos sentía la fastidiosa curiosidad de saber que había en el cuarto de al lado del fantasmita que estaba completemanete oscuro, pero los vigilantes me intimidaban, además sabia que era probable que yo les causara gracia, por mi cara de susto, (acaso no es el propósito de la exposición?. No, el propósito es apreciar el miedo como un arte más), pero no es mi culpa, ni siquiera duermo sola, ya se puede comprender. Me dirigí al cuarto, como pude adivinar un vigilante amablemente me dijo que siguiera, que tranquila; seguí con cara de vergüenza, y sí, el contenido del cuarto me hizo sonreír, porque era un trabajo artístico de admirar a pesar de su simplicidad. ¿Como alguien podía expresar el miedo, mediante un juego de sombras producidas por unos bombillos en hileras, que se prendían a medida que uno avanzaba?. En esos momentos me conmovió una vez más el poder de lo siniestro mezclado con el elitismo de un arte sutil y oscura, y le agradecí a Rafael Lozano Hemmer por los efectos que produjo en mí su talento. Salí satisfecha y me dirigí para no sabía donde. Me embarque en una plataforma de madera, a los lados se encontraban unos candelabros largos de unos 1.85 metros de largo, negros y de su boca dejaban salir un humo silencioso e intimidante; mirándolos con atención pude ver que entre el humo se asomaban unos rostros abstractos, podían ser viejos, mujeres jóvenes, no lo se. Obra perteneciente a Michael Delacroix. El siguiente paso era dirigirse a un ruido que desde hace rato estaba entrandome por las entrañas, seguí sus llamados y me encontré en un cuarto de unos dos metros de ancho y unos 7 de largo y en su límite se encontraba una proyección de una autopista que estaba viviendo un caos, una nube negra, como una avalancha estaba corriendo llevándose todo a su paso, los carros la gente. Comprendí que yo también hacía parte del show y empecé a dirigirme a la pantalla; el efecto que producía era suavemente aterrador; sentía caminar hacia la nube de la manera más realista que haya experimentado ya que mi estómago se altero y me logre marear un poco. Sí, sentí la muerte al frente mío, en cualquier momento yo iba a ser el almuerzo de esa nube. Me divertí, caminé unas tres veces, (no más de tres porque de resto estaría manchando el modo de apreciar el arte). Salí y la placa me mostraba que era el trabajo de Laurent Grasso. En esos momentos me gustaba sentir ese frío, y ese olor a pintura seca, a arte, era como estar en mi segundo hogar. Me senté en un sillón de cuero para ver una proyección de video en un televisor plasma de un tamaño normal, 12 pulgadas, donde había una actuación de muñecos de papel, pero estos eran representados como sombras los cuales mostraban situaciones sociales actuales, como la guerra, y la violencia en un día cualquiera. La trama corría como si se estuviese en un tren. Y la música, era una música como de circo mezclada con llantos, con xilófonos, cantos de señores viejos en un idioma que no sabía si existía. La proyección duro 12 minutos, o mejor dicho las historias porque no terminaba, era como un circulo que seguía y seguía; trabajo de William Kentridge. Al ponerme de pie me despisto una enorme mancha negra en el suelo que se prolongaba hasta la pared; como una tinta que se amoldaba a la sombra de un hombre leyendo un libro, pero el libro era real, un relieve gracioso pero ausente, que parecía querer hablarme del libro o si bien dándome a entender que era suficiente, que me marchara. Si que funcionan los efectos visuales en ciertas almas soñadoras, vulnerables y fantasiosas como la mía. En esos instantes supe que la soledad y la ausencia era la explicación más certera de esta obra. A veces parecemos almas muertas leyendo un libro, perdiéndonos en él hasta encontrar una salida falsa, la de acabar el libro, cerrarlo y volver a ser almas muertas. Me dirigí hacia otro televisor de plasma el cuál mostraba en video normal la entrada de una importante biblioteca quizá en Europa, pero los transeúntes no eran personas del común, eran fantasmas que caminaban como una rutina de humanos; el efecto consistía en borrar a las personas y sobre estas dejar rastros de su silueta muy mínimos que asimilaran sombras no negras sino como sombras de agua. Al voltear a mirar una puerta que creí era un baño, pensé a la vez, que, ¿qué diablos hace un baño dentro de una sala de exhibición?. Me dirigí a la puerta intentando abrirla más de lo que minimamente estaba pero estaba estática, comprendí entonces que se trataba de otra sorpresa. Mire en su interior y solo había una pared blanca, pero de repente una sombra de una muñeca se deslizo por la pared como si se tratara de agua, mire arriba por todos lados para averiguar que proyectaba esa sombra pero no logré identificarlo. La muñeca era una bailarina de esa muñecas viejas de tocador, y se deslizaba de arriba hacia abajo y de abajo hacia arriba con la lentitud más aterradora que pueda existir, pero a la vez con un aire artístico que no dejaba asustar. En esos momentos pensé lo divertido que habría sido ser pequeña en eso momentos ya que cuando se es niño se actúa como en algunos casos actúa un adulto que consume sustancias alucinógenas. ‘Muñeca, dispositivo mecánico’ de Christian Boltanski. Cuando decidí irme minutos después, pase por al frente de de 5 estantes de madera de 1.58 de alto los cuales tenían encima platos redondos de plata muy brillantes. La cuestión de ese trabajo era que no sabía en que consistía. Tímidamente los miraba de cerca pero no podía adivinar. Un vigilante me dijo que los soplara con aliento de la garganta. Soplé y una cara demacrada apareció entre el vapor de mi aliento diminuta y fugaz. Sin duda un trabajo creativo de magnitud por insignificante que parezca, pero nunca lo había visto antes, es más nada que había apreciado ahí lo había visto antes. Soplé en cada uno de los platos, y podía divisar caras de mujeres en expresiones que no lograba identificar porque se desvanecían como verdaderos fantasmas, y con una carga emocional salí rápidamente del sitio pensando en todos los alcances del arte pero lo más importante, admirando los recursos materiales usados para lograr trabajos sombríos.
Una vez más el arte contemporáneo se salió con la suya ofreciendo una alternativa que desde hacía rato muchos de nosotros estábamos eperando. Demosle las gracias a José Roca, director del museo del Banco de la República, quien hizo posible reunir a varios artistas de varios países para este montaje. ¿Quien no se cansaba de recorrer el museo de la donación Botero y ver la misma dama gorda al frente del lago, o la manzana con el gusanito al aire? Esta vez todos esos artistas responsables de Fantasmagórica ‘espectros de ausencia’, le brindaron estética al miedo, con enfoques que van desde lo festivo a lo irónico. Mi observación en este sitio fue como un pasaporte a la apreciación visual de un terror que no logra serlo completamente, porque el arte le da una pizca de suavidad y silencio, y deja que los espectadores juzguemos a nuestro ojo el significado de la oscuridad con olor a pintura y con color negro.
martes, 13 de marzo de 2007
Chucho Merchán quien abriría el concierto de Roger Waters no se presento.
Roger Waters: un éxito, pese a incidentes detrás del escenario
El viernes 9 de marzo, en el parque Simón Bolivar hizo su aparición Roger Waters, ofreciendo la precentación de uno de los discos más influyentes de Pink Floyd ‘The dark side of the moon’ y sus éxitos recientes como solista, sin embargo Chute Merchán quien se supone iba a ser su telonero no se precentó.
Marcela Ortiz Escobar
Sin duda esto era lo que Colombia proclamaba, una figura como el fundador de Pink Floyd en concierto. Un músico que le devolviera a Bogotá aquellas épocas de buen rock, que no pisaban territorio nacional desde los Guns n Roses en el 92. Y sí, el 9 de marzo se hizo la luz, en la súbita noche de viernes donde adolescentes, jóvenes, adultos, y viejos nos reunimos para ver le milagro hecho realidad.
Apareció Roger Waters avisando 3 horas antes con su particular escenografía, un juego de diseño y psicodelia que prometía un espectáculo para no olvidar, a las 7:36 pm de la noche las luces se apagaron ,la emisora de rock sesentero (parte del show) que sonaba se desvaneció bruscamente y la introducción de la obra maestra que popularizó a Pínk Floyd (The wall) nos golpeo el corazón con la energética primera parte ‘In the flesh’ y nosotros las almas rockeras cómplices de la apertura experimentamos la alegría de transportarnos a ese rincón de nuestra niñez.
Lo dificil del asunto es: ser comunicador y que por ende a uno le interesen cosas que el resto ignora, y dos: darse cuenta que el peso de los negocios en el mundo influye en todo, hasta en la ética de los músicos, pues a las 6:20 pm en el mismo concierto, un organizador muy cordialmente se dirigió al micrófono a dar un aviso: El músico Chucho Merchán, quien abriría el concierto de Waters, había cancelado su precentación ‘por problemas técnicos’.
Muy pocos sabiamos de la existencia de éste importante músico (pues todo lo importante, no es lo suficientemente conocido), pero que digan que de un momento a otro habiendo sido avisada su participación en la apertura de Roger Waters, que Merchán canceló su participación por problemas técnicos, es suficiente para que curiosos de la información nos preguntemos. ¿Que habrá pasado en realidad?.
Acontece que los productores y el mánager de Roger no aceptaron que Merchán abriera el concierto porque según ellos, Pink Floyd ni Waters en solitario, habían tenido un telonero para sus shows. Pese a que el organizador y responsable de la venida de Waters, les suplicó y les argumento que Merchán era un músico colombiano que había trabajado con Pink Floyd y artistas de la talla de Eurithmics, David Gilmoure, The Who entre otros, replicó que no había razones para no dejarlo presentar. Los productores de Roger sugirieron que Chucho tocara dos canciones en acústico pero de resto respondieron con un no rotundo.
Pero de palabras de Chucho, explicó que mientras que hacía la prueba de sonido con su banda, Roger mostraba incomodidad, y que de boca de Waters, el nunca había usado teloneros, sientiendo un poco de presión, formulanmdo excusas para que no se precentara y que finalmente el reprecentante de Waters propuso que tocara acusticamente con dos canciones. Merchán dolido pero con una respetuosa ética y profesionalismo no aceto el arreglo y se fue con sus músicos.
Otras hipótesis dan explicacioes tales como que Roger sintió invadido su espacio por el hecho de que Merchán había tocado para David Gilmoure -ex Pink Floyd-, algo así como cierto sentimiento de roce personal hacia Gilmoure. Sean las razones que hallan sido y como debe ser obvio al que trajo a Waters le tocará pagarle a Chucho Merchán una considerable indemnización, por daños y prejuicios.
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